Clinica de Epilepsia en Monterrey

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Importancia de diferenciar los tipos de epilepsia

Las crisis convulsivas son episodios de actividad eléctrica anormal en el cerebro que pueden causar cambios en la conciencia, comportamiento, sensaciones o movimientos corporales. Estas alteraciones pueden manifestarse de diferentes maneras, desde movimientos involuntarios y sacudidas musculares hasta sensaciones extrañas, como olores o sabores perceptibles solo por la persona que experimenta la crisis.

La causa exacta de por qué suceden las crisis convulsivas puede variar. A veces, surgen debido a desequilibrios químicos en el cerebro, lesiones cerebrales traumáticas, infecciones, tumores, trastornos genéticos o condiciones médicas subyacentes. Los factores desencadenantes, como el estrés, la falta de sueño, el consumo de alcohol o drogas, también pueden desencadenar crisis en personas con predisposición a la epilepsia.

¿Cuál es la diferencia entre epilepsia y crisis convulsivas?

La epilepsia se caracteriza por la presencia recurrente de crisis convulsivas. No todas las crisis convulsivas indican necesariamente epilepsia. Las convulsiones pueden ocurrir por diversos motivos, como fiebre alta en niños, bajadas bruscas de azúcar en personas con diabetes o como reacción a ciertos medicamentos. En cambio, la epilepsia se diagnostica después de que alguien haya experimentado al menos dos crisis no provocadas.

Por ejemplo, existen algunos síndromes asociados a epilepsia como los siguientes:

  • Síndrome de West:

Es un tipo raro de epilepsia infantil que generalmente comienza en el primer año de vida. Se caracteriza por espasmos musculares involuntarios y en forma de sobresalto, retraso en el desarrollo y patrones anormales en el electroencefalograma.

  • Síndrome de Dravet:

Este síndrome se manifiesta en la infancia y se caracteriza por convulsiones febriles prolongadas, que pueden conducir a otros tipos de crisis convulsivas. Los niños con síndrome de Dravet suelen tener un desarrollo cognitivo retrasado y problemas de movilidad.

  • Síndrome de Lennox-Gastaut:

Es un síndrome epiléptico que se manifiesta en la infancia y la niñez. Se caracteriza por varios tipos de convulsiones, incluyendo crisis de ausencia, tónicas y atónicas. Los niños con este síndrome pueden tener retrasos cognitivos y dificultades en el aprendizaje.

  • Síndrome de Landau-Kleffner:

Es un trastorno epiléptico poco común que afecta principalmente el área del lenguaje en niños. Se manifiesta con la pérdida repentina de la capacidad para comprender o producir lenguaje, acompañado a menudo de convulsiones nocturnas y cambios en el EEG.

  • Síndrome de Ohtahara

Es un tipo raro de epilepsia infantil que comienza en las primeras semanas o meses de vida. Se caracteriza por convulsiones severas y en ocasiones incontrolables, además de un desarrollo neurológico muy comprometido.

  • Síndrome de Dravet:

Este síndrome se manifiesta en la infancia y se caracteriza por convulsiones febriles prolongadas, que pueden conducir a otros tipos de crisis convulsivas. Los niños con síndrome de Dravet suelen tener un desarrollo cognitivo retrasado y problemas de movilidad.

El impacto de la epilepsia en la sociedad

La epilepsia afecta a personas de todas las edades y orígenes étnicos en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 50 millones de personas en todo el mundo tienen epilepsia. Las crisis convulsivas pueden ocurrir con diversas frecuencias, desde múltiples veces al día hasta con intervalos de meses o años entre episodios.

Causas de las crisis convulsivas en niños y adultos

Las causas de las crisis convulsivas varían según la edad. En niños, las causas pueden incluir:

  • Trastornos genéticos
  • Lesiones durante el parto
  • Fiebre alta (especialmente en convulsiones febriles)
  • Problemas de desarrollo del cerebro.

En adultos, las causas pueden abarcar desde lesiones cerebrales traumáticas, accidentes cerebrovasculares, tumores cerebrales, infecciones cerebrales hasta trastornos genéticos heredados.

¿Las crisis convulsivas se pueden curar o controlar?

La epilepsia no siempre se cura, pero en muchos casos se puede controlar eficazmente con tratamientos médicos. Los medicamentos antiepilépticos pueden ayudar a prevenir o reducir la frecuencia y gravedad de las crisis. En algunos casos, las personas pueden llegar a estar libres de crisis después de un período de tiempo sin síntomas.

Posibles secuelas de las crisis convulsivas

Las crisis convulsivas pueden ser impactantes y, en ocasiones, pueden llevar a consecuencias físicas. Durante una crisis, la persona puede caerse, lo que puede provocar lesiones como cortes, rasguños o fracturas. Además, las mordeduras involuntarias durante la convulsión pueden causar lesiones en la lengua o en las mejillas.

A largo plazo, aunque no sucede en todos los casos, las crisis convulsivas recurrentes pueden tener efectos en la memoria y el pensamiento. Algunas personas pueden experimentar dificultades para recordar cosas o problemas para concentrarse, especialmente si las crisis son frecuentes o si ocurren en áreas específicas del cerebro que afectan estas funciones.

Es importante mencionar que no todas las personas que experimentan crisis convulsivas tienen estas secuelas a largo plazo. La severidad de las secuelas puede variar ampliamente entre individuos y está influenciada por factores como la frecuencia y la gravedad de las crisis, así como la respuesta al tratamiento.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico de la epilepsia implica un proceso detallado que comienza con una revisión minuciosa de la historia clínica del paciente y una descripción detallada de las crisis convulsivas. Los médicos pueden realizar pruebas especializadas como un electroencefalograma, que registra la actividad eléctrica del cerebro, para identificar patrones anormales que puedan indicar epilepsia.

Además del electroencefalograma, pueden realizarse pruebas de imágenes cerebrales como resonancias magnéticas para detectar lesiones o anomalías estructurales en el cerebro que podrían estar causando las crisis convulsivas.

El tratamiento de la epilepsia generalmente implica medicamentos antiepilépticos. Estos medicamentos están diseñados para prevenir o reducir la frecuencia y la gravedad de las crisis convulsivas. Es crucial tomar estos medicamentos de manera regular según las indicaciones médicas para obtener el mejor control de las crisis.

En algunos casos en los que los medicamentos no son efectivos, o cuando las crisis se originan en un área específica del cerebro, la cirugía puede ser considerada como opción. La cirugía puede implicar la extirpación del área del cerebro responsable de las crisis, siempre y cuando no comprometa funciones vitales como el habla, la movilidad o la memoria.

La terapia de estimulación del nervio vago, que implica la implantación de un dispositivo que envía señales eléctricas al cerebro a través del nervio vago, y la dieta cetogénica (alta en grasas y baja en carbohidratos) también son opciones de tratamiento en algunos casos de epilepsia resistente al tratamiento convencional.

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