¿Qué hacer si tengo crisis epilépticas pese al tratamiento?
Autor: Giovana Femat Roldán

La epilepsia refractaria o epilepsia resistente al tratamiento, se caracteriza en que las crisis epilépticas no logran controlarse después de probar al menos dos medicamentos antiepilépticos adecuados, en dosis y combinaciones correctas. A pesar de la variedad de tratamientos disponibles, aproximadamente un tercio de los pacientes con epilepsia experimentan este tipo de resistencia al tratamiento, lo cual afecta su calidad de vida y dificulta el control de sus síntomas. Las personas con epilepsia refractaria suelen enfrentar desafíos en su día a día, ya que la persistencia de las crisis limita sus actividades y aumenta el riesgo de lesiones.
Existen varias intervenciones con el objetivo de optimizar el control de las crisis.
En primer lugar, es importante evaluar un ajuste de medicación supervisado por un neurólogo especialista en este tema. Implica revisar el tipo y combinaciones de medicamentos y su dosificación.
Asimismo, el neurólogo podría revisar el diagnóstico diferencial para descartar otros problemas de salud que podrían estar causando o complicando las crisis. Podría ser necesario el monitoreo por EEG (electroencefalograma), un examen que registra la actividad eléctrica del cerebro y permite observar si hay patrones específicos de crisis epilépticas que guíen al especialista en la elección del tratamiento.
Por otro lado, existen otras opciones dentro del tratamiento multidisciplinario que pueden ser de ayuda en casos de epilepsia refractaria.
En casos muy particulares, se considera la cirugía de epilepsia, un procedimiento en el que se lesiona o extirpa la parte del cerebro donde se originan las crisis. Sin embargo, esta opción solo es adecuada para un grupo específico de pacientes, tras una evaluación exhaustiva.

Algunos pacientes pueden beneficiarse con una segunda opinión por otro especialista en epilepsia, ya que esto puede aportar nuevas perspectivas y recomendaciones terapéuticas.
La dieta cetogénica es una dieta alta en grasas, moderada en proteínas y muy baja en carbohidratos. El estado metabólico que induce tiene efectos específicos en la química del cerebro que pueden reducir la frecuencia y severidad de las crisis en algunos tipos de epilepsia refractaria, especialmente en niños, aunque también ha mostrado beneficios en adultos.
El estrés y otros factores desencadenantes, o triggers de crisis, como la falta de sueño o el consumo de alcohol, pueden empeorar la epilepsia, por lo que es vital que el paciente los identifique y gestione para evitar crisis innecesarias.
La terapia cognitivo-conductual (TCC), una forma de psicoterapia que es útil porque aborda los aspectos emocionales y psicológicos de la enfermedad, como el miedo a tener una crisis, la frustración de no poder controlarlas y el impacto en la vida cotidiana. Ha mostrado algunos beneficios para disminuir el impacto emocional de la epilepsia y mejorar el manejo del estrés.
Otra alternativa de tratamiento es la neuroestimulación. Consiste en la aplicación de impulsos eléctricos controlados con el objetivo de modular la actividad cerebral y reducir la frecuencia y severidad de las crisis epilépticas en pacientes que no han logrado un adecuado control con medicamentos. Existen diferentes tipos de neuroestimulación aplicables en epilepsia refractaria. Las más comunes son la estimulación del nervio vago (ENV), la estimulación cerebral profunda (ECP) y la estimulación responsiva (RNS).
Específicamente, la estimulación del nervio vago es una de las formas más ampliamente utilizadas de neuroestimulación en epilepsia refractaria. En este procedimiento se implanta un dispositivo similar a un marcapasos bajo la piel del pecho que envía impulsos eléctricos al nervio vago en su paso por el cuello, ayudando a reducir la frecuencia y gravedad de las crisis.
El papel de un equipo multidisciplinario
La epilepsia refractaria suele requerir la intervención de un equipo de apoyo integral, compuesto por diferentes profesionales de la salud que trabajan de forma conjunta para cubrir todas las necesidades del paciente. Este equipo multidisciplinario incluye, además del neurólogo, especialistas en salud mental, nutricionistas y rehabilitadores, entre otros. Estos profesionales también contribuyen a mejorar la calidad de vida del paciente, desarrollando estrategias para enfrentar el estrés y reducir la carga de las crisis en su vida cotidiana.
Por ello, el seguimiento médico regular es esencial para monitorear la efectividad de los tratamientos y realizar ajustes cuando sea necesario. El manejo de la epilepsia refractaria es complejo y requiere de una aproximación holística personalizada. Con la orientación adecuada de un equipo multidisciplinario, es posible mejorar los episodios de crisis epilépticas y ayudar al paciente a alcanzar una vida más plena, manteniendo la calidad de vida y explorando todas las opciones que la medicina moderna ofrece.
