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Destellos de luz antes de crisis: síntoma de aura epiléptica

Autor: Giovana Femat Roldán

Destellos de luz antes de crisis: síntoma de aura epiléptica

Ver destellos de luz repentinos, zigzagueantes o en forma de puntos brillantes puede ser una experiencia desconcertante. Si esos fogonazos aparecen justo antes de que inicies una sensación extraña o tengas convulsiones, podrías estar presenciando una aura epiléptica: un conjunto de síntomas preconvulsivos que actúan como auténticas señales de advertencia de que se aproxima una actividad eléctrica anormal en el cerebro. Reconocerlas a tiempo es clave para la prevención de crisis y para mejorar la calidad de vida de las personas con epilepsia.

¿Qué es la epilepsia?

La epilepsia es un trastorno neurológico crónico caracterizado por crisis epilépticas recurrentes. Estas crisis resultan de descargas eléctricas excesivas y sincrónicas en las neuronas, y no todas se manifiestan con sacudidas corporales evidentes. Algunas son tan sutiles que pasan desapercibidas, mientras que otras comprometen el estado de conciencia o el comportamiento.

Aunque existen numerosas causas —desde lesiones cerebrales hasta alteraciones genéticas—, el denominador común es la tendencia del cerebro a actividad eléctrica desorganizada. Por eso, los neurólogos hablan de un “cerebro hiperexcitable” que, bajo determinados estímulos, detona la crisis.

Definiendo el aura epiléptica

Dentro del espectro epiléptico, el aura epiléptica es la primera manifestación de la crisis, sobre todo en las llamadas convulsiones focales (aquellas que arrancan en un punto específico del cerebro). Se trata de una sensación subjetiva y transitoria que la persona percibe antes de que la actividad eléctrica se propague a otras áreas.

Algunas personas describen su aura como un “aviso” o “fase inicial” que, de durar lo suficiente, les permite buscar un sitio seguro, sentarse o advertir a otros. En cambio, otras pasan tan rápido a la fase convulsiva que apenas son conscientes de ella.

Tipos de auras y cómo se presentan

  1. Auras visuales
  • Se manifiestan como alteraciones visuales: luces parpadeantes, figuras geométricas, sombras o los típicos destellos de luz.
  • Son muy frecuentes en la epilepsia fotosensible, donde los estímulos luminosos intensos (discotecas, videojuegos, pantallas) pueden disparar la descarga neuronal.
  • Algunas personas también ven “manchas” que se mueven o un túnel que se cierra sobre su visión periférica.
  1. Auras sensoriales
  • Incluyen hormigueo, entumecimiento o cambios de temperatura localizada.
  • Pueden sentirse en una mano, rostro o incluso recorrer todo un lado del cuerpo.
  1. Auras psíquicas
  • Generan déjà vu, jamais vu, miedo súbito, agresividad o euforia inexplicable.
  • El paciente puede describirlo como “sensación de irrealidad” o un recuerdo vívido, sin explicación aparente.
  1. Auras autonómicas
  • Mareos, sudoración, palpitaciones o náuseas repentinas.
  • A veces se confunden con ataques de ansiedad o problemas gastrointestinales.
  1. Auras motoras
  • Movimientos automáticos y repetitivos (masticar, frotar las manos).
  • Pueden progresar a convulsiones más evidentes si la descarga se extiende.

Conocer el tipo de aura no solo tranquiliza al paciente; también ayuda al neurólogo a ubicar la zona cortical responsable, orientando el diagnóstico neurológico y el tratamiento.

¿Cómo se diagnostican las auras?

El diagnóstico neurológico comienza con un buen interrogatorio: cuándo aparece el aura, cuánto dura y qué sensación provoca. Posteriormente se realiza un electroencefalograma (EEG) para medir las descargas eléctricas y, en muchos casos, estudios de neuroimagen (resonancia magnética o tomografía) que descarten lesiones estructurales.

En trastornos complejos o resistentes al tratamiento, pueden indicarse estudios prolongados de video-EEG, monitorización en una unidad de epilepsia, o mapeo de función cerebral antes de cirugía.

Del aura al tratamiento: ¿qué opciones hay?

El pilar básico es el tratamiento antiepiléptico. Fármacos como levetiracetam, lamotrigina o ácido valproico buscan estabilizar la actividad neuronal y reducir la frecuencia de las descargas. La elección depende de la edad, tipo de convulsiones, comorbilidades y tolerancia individual.

  • Para las convulsiones focales con aura visual, lamotrigina y carbamazepina son clásicos, pero cada caso se personaliza.
  • Si la aura se asocia a epilepsia fotosensible, se recomienda evitar luces intermitentes y usar filtros de pantalla.

La neurología clínica moderna también contempla opciones quirúrgicas cuando la zona generadora es única y accesible. Complementar con neurorehabilitación —terapia ocupacional, psicología y educación para la salud— mejora la calidad de vida y el autocuidado.

Manejo práctico y prevención de crisis

  1. Identifica tu aura: Lleva un diario. Si percibes señales de advertencia consistentes, anótalas: hora, lugar, actividad previa.
  2. Plan de seguridad: Al sentir el aura, busca un sitio seguro, avisa a los demás o activa un dispositivo de alerta.
  3. Cumple tu medicación: Saltarse dosis aumenta el riesgo de crisis.
  4. Evita desencadenantes: Falta de sueño, alcohol, estrés o luces parpadeantes en casos de epilepsia fotosensible.
  5. Seguimiento médico: Revisiones periódicas para ajustar fármacos, valorar efectos secundarios y actualizar tus estudios.

El manejo de la epilepsia es un trayecto a largo plazo. Con buen seguimiento médico, la mayoría de los pacientes logra una vida plena, controlando sus crisis y minimizando el impacto social o laboral. Además, aprender a reconocer un aura epiléptica puede evitar lesiones accidentales y brindar una ventana crítica para actuar.

Si has percibido destellos de luz u otras sensaciones extrañas antes de perder la consciencia o sentirte desconectado, no lo dejes pasar. Consulta con un especialista en neurología, realiza las pruebas necesarias y descubre si esos síntomas preconvulsivos forman parte de un patrón epiléptico.