Qué hacer si tu hijo ha tenido una convulsión con fiebre
Autor: Giovana Femat Roldán

Las convulsiones con fiebre son uno de los episodios más angustiosos para los padres, especialmente cuando ocurren por primera vez. Este tipo de eventos, conocidos como convulsiones febriles, suelen presentarse en niños pequeños y, aunque en la mayoría de los casos no son graves ni dejan secuelas, es fundamental saber cómo actuar y cuándo acudir a una clínica de epilepsia o con un especialista para una evaluación adecuada.
¿Qué es una convulsión con fiebre?
Una convulsión con fiebre es una crisis convulsiva que ocurre en niños pequeños, generalmente entre los 6 meses y los 5 años, asociada a un aumento rápido de la temperatura corporal. Estas convulsiones no están relacionadas con una infección del sistema nervioso central ni con antecedentes previos de epilepsia. A menudo se presentan en el contexto de una fiebre alta, incluso antes de que los padres noten que el niño está enfermo.
Las convulsiones febriles se clasifican en dos tipos:
- Convulsión febril simple:
Generalmente dura menos de 15 minutos, ocurre una sola vez en 24 horas, y es una convulsión tónico-clónica generalizada, es decir, afecta a todo el cuerpo.
- Convulsión febril compleja:
Tiene una duración de la convulsión mayor a 15 minutos, puede repetirse en el mismo día o tener características focales (afectando solo una parte del cuerpo).
¿Por qué ocurren las convulsiones febriles?
Aunque el mecanismo exacto no se comprende del todo, se cree que el rápido aumento de la temperatura corporal puede alterar la actividad eléctrica del cerebro en niños predispuestos. Factores como la inmadurez del sistema nervioso, la susceptibilidad genética y ciertas infecciones virales comunes en la infancia contribuyen a este fenómeno. Los antecedentes familiares de convulsiones febriles o epilepsia aumentan el riesgo de que un niño las presente.
¿Qué hacer durante una convulsión febril?
Ante una crisis convulsiva, es importante mantener la calma y actuar con rapidez:
- Colocar al niño de lado, en una superficie segura, para evitar que se atragante con saliva o vómito.
- No introducir objetos en la boca. Contrario al mito popular, no se debe meter nada en la boca del niño.
- Observar el tiempo: La duración de la convulsión es clave para decidir si es necesario buscar ayuda urgente.
- No sujetar al niño con fuerza, ya que puede causar lesiones.
Una vez que pase la convulsión, evaluar el estado de conciencia del niño. Es normal que esté somnoliento o confundido durante algunos minutos después del episodio.
- Controlar la fiebre después de la convulsión es fundamental. Esto puede hacerse con paños húmedos, mantener al niño en un ambiente fresco y administrar antipiréticos como el paracetamol, siguiendo las indicaciones del pediatra.
¿Cuándo acudir a una clínica de epilepsia o con un especialista?
Aunque muchas convulsiones febriles son benignas, hay situaciones que requieren una consulta urgente:
- Convulsión prolongada (más de 5 minutos).
- Si se presentan más de una convulsión en 24 horas.
- Si la convulsión afecta solo una parte del cuerpo.
- Si el niño no recupera el estado de conciencia dentro de los 10-15 minutos posteriores al episodio.
- Si es menor de 6 meses o mayor de 5 años.
- Si presenta rigidez en el cuello, vómitos persistentes, somnolencia extrema o dificultad para respirar.
- Si existen antecedentes familiares de epilepsia u otros trastornos neurológicos.
En estos casos, es indispensable que el niño sea evaluado por médicos o neurólogos para descartar otras causas de convulsiones y definir si se trata de una convulsión febril típica o si existe riesgo de evolución a epilepsia.

¿Hay riesgo de epilepsia después de una convulsión febril?
Este es uno de los temores más frecuentes entre los padres. En la mayoría de los casos, las convulsiones febriles no progresan a epilepsia. Sin embargo, el riesgo de recurrencia y de desarrollar epilepsia es ligeramente mayor si:
- La convulsión fue compleja (duración prolongada, focal o recurrente).
- Hay antecedentes familiares de epilepsia.
- El neurodesarrollo del niño está alterado.
Por eso, una evaluación médica completa y seguimiento especializado son clave, especialmente si se trata de una convulsión febril compleja.
¿Cómo se realiza el diagnóstico?
El diagnóstico es clínico y se basa en los antecedentes del episodio, la exploración física y neurológica. En algunos casos, especialmente si la convulsión fue prolongada, focal o atípica, el diagnóstico neurológico puede incluir estudios como:
- Electroencefalograma (EEG).
- Resonancia magnética cerebral.
- Estudios metabólicos o de laboratorio si se sospecha una causa secundaria.
No todos los niños con una convulsión con fiebre necesitan estos estudios, por lo que será el especialista quien determine la necesidad de realizarlos.
¿Se necesita tratamiento con anticonvulsivos?
En general, los anticonvulsivos no están indicados para tratar o prevenir convulsiones febriles simples, debido a sus efectos secundarios y al bajo riesgo de complicaciones. En algunos casos muy específicos, como convulsiones prolongadas o con alto riesgo de recurrencia, el neurólogo pediatra puede valorar el uso de benzodiacepinas de rescate para tener en casa, como el diazepam rectal o midazolam intranasal, en caso de que la convulsión vuelva a presentarse.
¿Cómo debe ser el manejo en casa y el seguimiento?
Después del primer episodio, es fundamental educar a la familia sobre los primeros auxilios en caso de una nueva crisis. También es importante llevar un seguimiento especializado para valorar la evolución neurológica del niño, su neurodesarrollo y detectar a tiempo cualquier signo que indique una alteración más seria.
Los signos de alarma que justifican una nueva consulta con el especialista incluyen:
- Repetición de convulsiones en ausencia de fiebre.
- Retraso en el desarrollo del lenguaje, la motricidad o el aprendizaje.
- Cambios en el comportamiento, atención o memoria.
- Aparición de movimientos extraños, ausencias o desconexiones del entorno.
En todo momento, contar con el acompañamiento de médicos especializados en una clínica de epilepsia brinda tranquilidad a la familia y permite tomar decisiones informadas y seguras.
