¿Es posible vivir de manera independiente con epilepsia?
Autor: Giovana Femat Roldán

El estilo de vida del paciente con epilepsia debe guiarse por unas pautas comunes que consisten en ser prudente con las bebidas alcohólicas, tener hábitos de sueño adecuados, evitar el estrés elevado, tomar de manera correcta la medicación y seguir las pautas de seguridad indicadas por el neurólogo.
A estas recomendaciones hay que añadir otras que dependen de la edad, del medio familiar, escolar o laboral, del tipo, horario y frecuencia de crisis, de la ansiedad que suponen las crisis en el paciente y/o la familia y de los fármacos antiepilépticos. En algunos pacientes, sobre todo en aquellos con epilepsia farmacorresistente, las consecuencias psicológicas y sociales pueden ser muy importantes e, incluso, más discapacitantes que las propias crisis epilépticas.
Si es necesario, una intervención psicológica adecuada, individual o en grupo, ayuda a mejorar la aceptación de la enfermedad, el cumplimiento con el tratamiento y a disminuir la ansiedad. En caso de que existan, además problemas psiquiátricos, es importante tratarlos con ayuda de un psiquiatra experto que puede prescribir medicación si es necesario.
Debe existir una comunicación fluida entre el paciente con epilepsia y su neurólogo, ya que todos los fármacos tienen un perfil determinado de efectos secundarios. La mayoría de ellos dependen de la dosis, y en caso de presentarse, requieren un ajuste de medicación (bajada de dosis, sustitución por otro medicamento) para subsanarlos. Es importante reconocer los efectos adversos psiquiátricos (por ejemplo, depresión) y los cognitivos (por ejemplo, lentitud a la hora de pensar o problemas de memoria), ya que tienen mucha importancia en la calidad de vida del paciente.
La alimentación de una persona con epilepsia debe ser rica y equilibrada. Los condimentos picantes (pimienta, guindilla) o las bebidas estimulantes (café, té, mate, cacao o bebidas con cola) en raras ocasiones provocan crisis si se consumen en cantidades moderadas. Sí se deben evitar las bebidas energéticas, especialmente si contienen taurina. Algunos tipos de epilepsias muy graves, sobre todo en la infancia, pueden tratarse con dietas pobres en hidratos de carbono (dietas cetogénicas).
Algunas recomendaciones para vivir con epilepsia son:
- El ejercicio físico:
Puede ser beneficioso para las personas con epilepsia. Los beneficios están relacionados con la mejoría de la salud cardiovascular y psicológica, con una mayor actividad social y con la reducción de los niveles de estrés, lo que puede traducirse en un menor número de crisis. Habrá que prohibir o recomendar supervisión cercana, en función del tipo de crisis, en determinados deportes si pueden suponer un problema para el paciente en caso de que tenga una crisis. Los deportes de riesgo también están en principio contraindicados en pacientes con epilepsia.-
- El sueño:
Existe una relación muy estrecha. Cualquier tipo de epilepsia es sensible a una falta de horas de sueño, sobre todo si es prolongada en el tiempo. Toda persona con epilepsia debe mantener un ritmo de vigilia-sueño adecuado, es decir, dormir de 7 a 9 horas diarias según la edad y con un horario regular. Existen epilepsias en las que las crisis se producen casi exclusivamente durante el sueño o al despertar.

Diagnóstico en una clínica de epilepsia
Para diagnosticar epilepsia, el profesional de la salud revisará tus síntomas y antecedentes médicos. Pueden hacerse varias pruebas para diagnosticar la epilepsia y detectar la causa de las convulsiones.
- Examen neurológico.
Este examen evalúa tu comportamiento, tus movimientos, tu función mental y otras áreas. De este modo, ayuda a determinar si tienes epilepsia y de qué tipo.
- Análisis de sangre.
Con una muestra de sangre, se pueden detectar signos de infecciones, afecciones genéticas o de otra índole que pueden estar asociadas a las convulsiones
- Pruebas genéticas.
En algunas personas con epilepsia, una prueba genética puede aportar más información sobre la afección y el modo de tratarla. Las pruebas genéticas se llevan a cabo con mayor frecuencia en niños, pero también pueden ser útiles para algunos adultos con epilepsia.
- Electroencefalograma.
Este es el tipo de estudio más frecuente que se utiliza para diagnosticar la epilepsia. En este estudio, se adhieren pequeños discos metálicos, llamados electrodos, al cuero cabelludo con pegamento o una gorra. Los electrodos registran la actividad eléctrica del cerebro.
- Tomografía computarizada.
Una tomografía computarizada utiliza rayos X para obtener imágenes transversales del cerebro. La tomografía computarizada (TAC) puede detectar tumores, sangrado o quistes en el cerebro que podrían estar causando la epilepsia.
- Resonancia magnética.
Una resonancia magnética usa imanes potentes y ondas de radio para crear una vista detallada del cerebro. Al igual que la tomografía computarizada (TAC), la resonancia magnética (IRM) examina la estructura del cerebro para detectar lo que puede estar causando las convulsiones.
