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¿Cómo se descarta la epilepsia?

Autor: Giovana Femat Roldán

¿Cómo se descarta la epilepsia?

La epilepsia es una afección cerebral crónica caracterizada por crisis recurrentes, autolimitadas y de etiología diversa cuyas manifestaciones clínicas incluyen una variada gama de signos y síntomas. En pocas palabras, es una condición neurológica crónica caracterizada por crisis epilépticas recurrentes.

El término «convulsión» denota contracciones paroxísticas intensas de un cierto grupo muscular de manera repetitiva e involuntaria. Sin embargo, estas pueden comprometer sólo la sensibilidad o la conciencia, y por tal motivo el nombre de «crisis epiléptica», o seizure, es genérico y tal vez preferible, puesto que describe mejor la diversidad de descargas paroxísticas del cerebro y permite una definición más cercana a la realidad.

Síntomas clínicos de la epilepsia

La historia clínica es de gran valor recordar que cada evento puede potencialmente tener 3 estadios: precrisis, inicio de crisis y poscrisis:

  • Fase precrisis:

La fase premonitoria incluye los llamados factores precipitantes o facilitadores, tales como fiebre, enfermedad, altitudes, falta de sueño, disminución del umbral, menstruación, lesión cerebral. Sin embargo, este estado puede incluir síntomas algo controversiales, usualmente relacionados con el último evento, que junto con el tiempo de duración.

  • Inicio de crisis:

El inicio de los síntomas se caracteriza por aspectos dramáticos para el paciente, que a menudo se relaciona de una u otra forma con su enfermedad y que se tornan un poco más traumáticos cuando se trata de una crisis tónico-clónica generalizada. Determinar esa primera manifestación en la secuencia cronológica, convirtiéndose en la característica más importante para la localización del foco en el caso de una crisis parcial.

  • Crisis:

La crisis es usualmente relacionada con la alteración de la conciencia. Sin embargo, esta definición se quedaría corta al dejar por fuera las crisis parciales simples, por lo que se considera el compromiso cerebral con manifestaciones motoras, sensitivomotoras o psíquicas.

  • Postcrisis:

La fase poscrisis o postictal también cuenta con factores localizadores clínicamente válidos. Aunque pueden ser vistos al final de la fase, estos cambios postictales se pueden manifestar como déficits de alguna función, de tal manera que, en las crisis primarias generalizadas, por ejemplo, puede haber un déficit postictal con valor localizador, como debilidad, parálisis de Todd o déficit visual.

  • Aura:

Sensación o fenómeno particular que precede a un ataque de epilepsia. Auras visuales (Alucinaciones o ilusiones visuales). Auras auditivas (Alucinaciones auditivas consistentes en sonidos o ruidos que en la mayoría de los casos no pueden ser localizados en el espacio.) 

Diagnóstico de la epilepsia

El diagnóstico de epilepsia depende de una historia clínica detallada y precisa hasta en un 90%4. La recopilación de la información debe tener un orden cronológico de la secuencia o recurrencia de los eventos, si es transitorio, autolimitado, involuntario, con o sin compromiso del estado neurológico. La adecuada realización del interrogatorio semiológico implica ser meticuloso en la búsqueda de signos y síntomas que nos permitan inferir adecuadamente lo que manifiesta el paciente y aportar un adecuado diagnóstico de epilepsia. 

El EEG y la RM cerebral son las dos técnicas diagnósticas complementarias más importantes en epileptología. Sin embargo, de forma aislada, ninguna es adecuada para la detección o la exclusión de la epilepsia y sólo deben evaluarse en el contexto clínico.

  • Electroencefalograma:

Continúa ocupando un lugar importante en el diagnóstico de la epilepsia, aunque existen patrones patológicos en el EEG que no se relacionan con la epilepsia, como la actividad delta rítmica intermitente en regiones frontales.

  • Resonancia Magnética:

La RM cerebral es una técnica muy efectiva para diagnosticar lesiones subyacentes potencialmente epileptógenas.

Diagnostico diferenciales

El diagnóstico diferencial debe hacerse con todos aquellos procesos mórbidos y transitorios que cursan con alteración del nivel de conciencia en cualquier grado o síntomas episódicos motores, sensitivos, sensoriales o psíquicos:

  • Síncope:

Tanto de origen cardiaco (valvulopatías, arritmias cardiacas, insuficiencia cardiaca, miocardiopatías, cardiopatía isquémica, hipertensión pulmonar-tromboembolismo pulmonar) como no cardiaco (vasovagal, fármacos, ortostatismo, Valsalva, etc).

  • Accidente isquémico transitorio:

Patología carotídea y vertebrobasilar. Los accidentes isquémicos transitorios tienen una duración habitualmente más larga y suelen presentarse como síntomas negativos (paresias, hipoestesia…), a diferencia de las crisis con síntomas positivos (clonismos, parestesias…).

  • Trastornos del movimiento.

Discinesias paroxísticas, espasmos hemifaciales, tics, mioclonías no epilépticas, coreoatetosis. Suelen ser más prolongados.

  • Trastornos del sueño.

Incluye el trastorno del comportamiento del sueño REM, los movimientos periódicos de miembros inferiores, narcolepsia/cataplejía.

  • Enfermedades psiquiátricas.

Crisis psicógenas o pseudocrisis, hiperventilación, crisis de pánico. Se entiende por pseudocrisis aquellas series de movimientos estereotipados, sensaciones o experiencias similares a las que pueden ser causa de epilepsia, pero que su origen es psicógeno-emocional.

  • Cuadros confusionales.

Los cuadros confusionales tienen múltiples etiologías, y son frecuentes en pacientes con demencia, al igual que las crisis comiciales.